
| Introducción |
| El ser humano |
| El místico |
| El sanador |
| El consultor |
| El amigo |
| Clarividencia |
| Encuentros |
| Hacer y soltar |
| Libros + Audio |
| Links |
| Aviso de privacidad |
| Nota legal |
Cuando se oye hablar de un místico cristiano, probablemente se imagine a un hombre piadoso que, en su conexión con el cielo, ha perdido hace mucho tiempo su conexión normal con la tierra y habla principalmente de cosas sobrenaturales.

No así Carl Welkisch: no obstante de sus habilidades especiales, él estaba firmemente arraigado en este mundo, era entretenido, gracioso, capaz de compartir alegría con los demás y también capaz de regañar, tenía buena memoria y era extremadamente puntual y confiable.
Su sentido de los negocios sorprendió repetidamente a sus amigos, y a Welkisch le pedían a menudo consejos sobre asuntos empresariales o financieros.
Al hacerlo, hablaba con una mentalidad empresarial, no en su calidad de místico, y lo señaló enfáticamente.

En sus consultas y decisiones personales, Carl Welkisch se guiaba por la pregunta: "¿Qué es correcto en términos de la guía interior?". Esta pregunta no se plantea a menudo, ya que una respuesta honesta no siempre es agradable.
A Welkisch le encantaba viajar, adoraba la música, admiraba los grandes conocimientos y habilidades, y mantuvo su interés por la política, la economía y los acontecimientos sociales hasta su muerte. Podía conversar con la misma fluidez con eruditos y niños. Era un narrador cautivador, pero debido a la singularidad de sus experiencias, le resultaba difícil traducir sus sentimientos más íntimos al lenguaje cotidiano para sus oyentes.
Nadie podría deducir, a partir de su apariencia externa, las habilidades especiales y la profundidad inusual de experiencia que había en él.
Durante la conversación, amigos y visitantes perdían rápidamente cualquier reserva que pudieran tener acerca del hecho de poder encontrarse con un místico de una manera completamente natural.
(lamentablemente sin sonido original)